Cuándo el mar ya subió un centímetro y los planes de desarrollo costeros siguen calculando con el metro de 1990

Escenarios futuros en las costas colombianas: una urgencia que los instrumentos de planeación todavía no reflejan

Las costas colombianas están cambiando más rápido de lo que cambian los documentos que se supone deben anticiparlas, y los escenarios futuros que organismos científicos han construido en los últimos años ofrecen una imagen suficientemente clara para que ninguna entidad territorial pueda alegar desconocimiento: entre 2040 y 2060, el nivel del mar en el Caribe colombiano podría ascender entre 20 y 40 centímetros respecto a los valores de referencia de 1990, según proyecciones del IDEAM publicadas en el Informe del Estado del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables de 2019.

Lo que el IDEAM y el IPCC ya saben sobre las costas colombianas

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), en su Sexto Informe de Evaluación de 2021, situó al Caribe insular y continental entre las subregiones con mayor vulnerabilidad compuesta del hemisferio occidental: combinan exposición alta al aumento del nivel del mar, densidad poblacional en zonas de riesgo y capacidad adaptativa institucional baja o media-baja.

En el litoral Pacífico colombiano la situación presenta una complejidad adicional: la subsidencia del terreno —es decir, el hundimiento gradual del suelo por procesos geológicos locales— amplifica el efecto del aumento marino, lo que en algunos tramos de la costa nariñense y caucana equivale a una pérdida efectiva de cota de entre 3 y 5 milímetros anuales, según mediciones del Servicio Geológico Colombiano publicadas en 2022.

Construir escenarios futuros rigurosos sobre esta realidad no es un ejercicio académico sin consecuencias prácticas: es la condición mínima para que los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y los Planes de Desarrollo Municipal incorporen restricciones de uso del suelo, corredores de evacuación y presupuestos de adaptación con horizonte a 2035 y 2050, tal como lo exige la Ley 1931 de 2018 de Cambio Climático y su decreto reglamentario 298 de 2016 sobre el Sistema Nacional de Cambio Climático (SISCLIMA).

Las señales que los municipios costeros ya emiten pero que la planeación ignora

Tumaco, en Nariño, es el caso más documentado: su casco urbano está parcialmente construido sobre suelo ganado al mar en los siglos XIX y XX, con cotas que en varios barrios no superan el metro sobre el nivel del mar en marea alta.

El Plan de Ordenamiento Territorial de Tumaco, cuya última versión fue adoptada mediante Acuerdo municipal en 2008 y cuya revisión ordinaria debía haberse completado antes de 2019 según el artículo 28 de la Ley 388 de 1997, aún no incorpora modelaciones de inundación costera por aumento del nivel del mar.

San Andrés presenta un caso igualmente aleccionador: el Plan de Manejo del Área Marina Protegida Seaflower, administrado por CORALINA, sí reconoce el riesgo de intrusión salina en acuíferos y la pérdida de arrecifes de coral por acidificación, pero los instrumentos de planeación territorial del municipio no han trasladado ese conocimiento a restricciones concretas sobre densificación urbana en la franja costera.

Estos dos casos ilustran una brecha estructural que el análisis prospectivo permite nombrar con precisión: la información técnica existe, los escenarios futuros están construidos, pero la cadena de traducción entre ciencia, política pública y ordenamiento territorial no funciona.

Qué metodologías prospectivas se necesitan y qué actores deben liderarlas

La construcción de escenarios futuros para zonas costeras requiere al menos tres componentes que rara vez se articulan en el ciclo de planeación colombiano: primero, modelación climática de alta resolución espacial a escala municipal, que el IDEAM puede proveer pero que pocas alcaldías costeras han solicitado formalmente; segundo, análisis de vulnerabilidad socioeconómica diferenciada por comunidades, con énfasis en poblaciones afrocolombianas e indígenas que habitan la primera línea costera y que el DANE identificó como los grupos con menor acceso a programas de reasentamiento en su Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018; y tercero, diseño participativo de escenarios con horizontes de diez, veinte y treinta años, metodología que el DNP ha promovido a través de su Subdirección de Ordenamiento y Desarrollo Territorial pero que no ha tenido aplicación sistemática en municipios con población inferior a 50.000 habitantes.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) financió entre 2019 y 2023 el programa Ciudades Sostenibles y Competitivas, que incluyó diagnósticos de riesgo climático costero para Barranquilla y Cartagena, produciendo escenarios futuros de inundación con un costo de daños acumulados que para Cartagena podría superar los 500 millones de dólares anuales en un escenario de aumento de 40 centímetros antes de 2060, si no se implementan medidas de infraestructura verde y gris combinadas.

La oportunidad que el Caribe y el Pacífico todavía tienen

Anticipar no significa resignarse: la prospectiva costera bien aplicada permite identificar ventanas de intervención antes de que los costos se vuelvan inasumibles.

Experiencias como la de Países Bajos con su programa Delta Works, o la más cercana de Ecuador con su Estrategia Nacional de Adaptación Costera adoptada en 2021, demuestran que el ordenamiento anticipatorio del territorio puede reducir hasta en un 60 por ciento los costos de adaptación frente a intervenciones reactivas hechas después del daño.

Colombia cuenta con la Política Nacional del Océano y los Espacios Costeros (PNOEC), actualizada en 2018 por la Comisión Colombiana del Océano (CCO), y con el INVEMAR, cuyo Sistema de Indicadores de Cambio Climático para Zonas Costeras produce datos anuales que deberían ser insumo obligatorio para cada revisión de POT en municipios ribereños.

La pregunta que los escenarios futuros ya respondieron no es si el mar subirá, sino qué harán las instituciones colombianas antes de que esa subida deje de ser una proyección y se convierta en el piso de la sala de muchas familias costeras.

Fuentes

  • IDEAM – Informe del Estado del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables, 2019
  • IPCC – Sixth Assessment Report (AR6), Grupo de Trabajo II: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, 2021
  • Banco Interamericano de Desarrollo (BID) – Programa Ciudades Sostenibles y Competitivas: Diagnóstico de Riesgo Climático Costero para Cartagena y Barranquilla, 2022
  • INVEMAR – Sistema de Indicadores de Cambio Global en Zonas Costeras e Insulares de Colombia, 2023
  • Departamento Nacional de Planeación (DNP) – Guía para la incorporación de la gestión del riesgo y el cambio climático en los Planes de Ordenamiento Territorial, 2020