Pensiones en 2035: lo que la prospectiva estratégica ya puede advertirle al sistema colombiano

El sistema pensional colombiano enfrenta uno de los momentos más delicados de su historia reciente, y la prospectiva estratégica ofrece herramientas concretas para leer con anticipación las tensiones que hoy se acumulan en silencio. Con la reforma pensional aprobada en 2023 y su implementación progresiva en curso, las entidades del sector —desde Colpensiones hasta los fondos privados y las cajas de compensación— necesitan más que proyecciones actuariales: necesitan escenarios futuros construidos con rigor metodológico que les permitan tomar decisiones hoy con consecuencias en 2035 y más allá.

Un sistema bajo presión estructural

Colombia tiene una cobertura pensional que, según datos del DANE y la CEPAL, no supera el 25 % de la población mayor de 65 años en condiciones de subsistencia digna. Esta cifra no es solo un problema presente: es una señal fuerte que la prospectiva estratégica traduce como una tendencia estructural acelerada por el envejecimiento poblacional, la informalidad laboral persistente y la volatilidad del mercado de trabajo vinculada a la automatización.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha producido proyecciones demográficas que indican que Colombia alcanzará su pico de población en edad de trabajar alrededor de 2030, para iniciar luego una transición hacia una pirámide poblacional más envejecida. Este dato, leído desde la previsión estratégica, exige que las instituciones del sistema pensional construyan escenarios alternativos en lugar de planificar sobre supuestos lineales.

Prospectiva estratégica aplicada al sistema pensional

La aplicación de la prospectiva estratégica en este sector implica, al menos, cuatro ejercicios metodológicos que las entidades aún no han adoptado de forma sistemática. El primero es el análisis de variables clave mediante métodos como el MICMAC, desarrollado por Michel Godet y ampliamente usado en instituciones como la OCDE, que permite identificar qué factores tienen mayor capacidad de transformar el sistema en el largo plazo. El segundo es la construcción de escenarios con horizontes de diez a veinte años, que contemplen futuros posibles —no solo el deseable— incluyendo escenarios de ruptura como una caída sostenida de la cotización formal o una crisis fiscal del Estado que afecte el pilar solidario.

El tercer ejercicio es la vigilancia de señales débiles: indicios tempranos de cambio que aún no aparecen en los informes oficiales pero que anticipan transformaciones sistémicas. En el caso pensional colombiano, algunas de estas señales ya son visibles: el crecimiento del trabajo por plataformas sin vínculo laboral formal, la emigración de trabajadores calificados en edad productiva, y la caída en la confianza institucional entre los menores de 35 años frente a los sistemas de ahorro de largo plazo. El cuarto ejercicio es la identificación de actores estratégicos mediante el análisis MACTOR, que permite anticipar cómo distintos grupos de interés —sindicatos, fondos privados, Estado, informales— reaccionarán ante distintos escenarios regulatorios.

Lo que las entidades colombianas deben empezar a hacer ahora

La gobernanza anticipatoria del sistema pensional requiere que Colpensiones, la Superintendencia Financiera y el Ministerio del Trabajo no esperen a que las tensiones sean crisis para actuar. Existen modelos internacionales que Colombia puede adaptar: Suecia y los Países Bajos han incorporado mecanismos de ajuste automático en sus sistemas de pensiones basados en proyecciones demográficas actualizadas, un enfoque que el BID ha recomendado para América Latina como parte de sus documentos de política social.

En el nivel territorial, las cajas de compensación familiar tienen una oportunidad única: son instituciones con arraigo regional, información sobre poblaciones vulnerables y capacidad operativa para implementar esquemas complementarios de protección para la vejez. La prospectiva estratégica les permitiría anticipar cuáles municipios tendrán mayor presión de adultos mayores sin cobertura entre 2030 y 2040, y diseñar intervenciones antes de que la demanda supere la oferta de servicios sociales.

La ventana que todavía está abierta

Colombia tiene entre cinco y ocho años para hacer ajustes institucionales significativos antes de que la presión demográfica y fiscal se vuelva inmanejable. Ese margen es exactamente el espacio que la prospectiva estratégica está diseñada para aprovechar. No se trata de predecir el futuro con certeza, sino de ampliar la capacidad institucional para actuar sobre futuros posibles antes de que se conviertan en emergencias. Las universidades colombianas —particularmente la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes y la Universidad del Valle— han desarrollado capacidades en estudios de futuro que pueden ponerse al servicio de este reto, siempre que exista voluntad institucional para incorporar la anticipación como práctica de gobierno y no como ejercicio académico aislado.

Fuentes

  • DANE – Proyecciones de población y envejecimiento demográfico en Colombia, 2023
  • DNP – Misión Colombia Envejece: cifras, retos y recomendaciones, 2022
  • CEPAL – Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2024
  • BID – Sistemas de pensiones en América Latina: desafíos y opciones de reforma, 2022
  • Godet, Michel y Durance, Philippe – La prospectiva estratégica para las empresas y los territorios, UNESCO/Dunod, 2011