Un modelo de desarrollo que enfrenta un futuro incierto
Las zonas francas colombianas han sido durante dos décadas uno de los instrumentos más visibles de la política de atracción de inversión extranjera, pero hoy enfrentan un conjunto de presiones convergentes que ningún plan operativo actual está leyendo con la profundidad necesaria: la reconfiguración de las cadenas globales de valor, la presión fiscal de los acuerdos de tributación mínima global impulsados por la OCDE, la automatización de procesos industriales y la creciente demanda de estándares ambientales verificables por parte de los mercados de destino. La previsión estratégica ofrece precisamente las herramientas metodológicas para leer estas señales antes de que se conviertan en crisis, y su aplicación sistemática al modelo de zonas francas colombianas es una deuda que el Estado y el sector privado tienen con la próxima década.
Qué dice el contexto global y por qué Colombia debe leerlo ahora
El acuerdo de impuesto mínimo global del quince por ciento promovido por el G20 y la OCDE, conocido como Pilar Dos, modifica de manera estructural los incentivos tributarios que históricamente han sustentado la competitividad de los regímenes de zona franca en países de renta media como Colombia.
Según la CEPAL, más de cuarenta países latinoamericanos y caribeños tienen regímenes especiales de comercio o inversión que podrían verse afectados por esta nueva arquitectura fiscal global, y Colombia no es la excepción: el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha reconocido la necesidad de revisar la estructura de incentivos del régimen franco, pero sin un horizonte metodológico claro que permita simular escenarios alternativos con suficiente rigor.
Al mismo tiempo, la automatización avanza a una velocidad que desafía uno de los argumentos fundacionales de las zonas francas en países en desarrollo: la generación de empleo industrial de mediana calificación. McKinsey Global Institute estimó en 2024 que entre el veinte y el treinta por ciento de las tareas en sectores de manufactura ligera —predominantes en las zonas francas colombianas— podrían ser automatizadas antes de 2030, lo que obliga a repensar qué tipo de valor agregado puede ofrecer Colombia en un mundo donde la mano de obra barata deja de ser una ventaja diferencial sostenible.
Previsión estratégica aplicada: metodologías para un rediseño anticipado
La previsión estratégica no es un ejercicio de adivinación, sino un proceso estructurado de identificación de tendencias, señales débiles y fuerzas motrices que permite a las organizaciones —públicas o privadas— construir escenarios alternativos y tomar decisiones robustas bajo incertidumbre.
Aplicada al caso de las zonas francas colombianas, esta metodología permitiría al menos tres ejercicios concretos de alto valor: primero, un análisis de señales débiles sobre los cambios en la demanda de infraestructura logística por parte de empresas que operan bajo esquemas de nearshoring hacia Estados Unidos, tendencia que Colombia podría capturar con mayor inteligencia si mapea sistemáticamente las decisiones de relocalización industrial en México, Costa Rica y Centroamérica; segundo, un ejercicio Delphi con expertos en comercio exterior, tributación internacional, logística y tecnología para construir escenarios de viabilidad del régimen franco al 2035 bajo distintos supuestos regulatorios; y tercero, un análisis de brechas entre las capacidades actuales de las zonas francas colombianas —en talento humano, conectividad digital, infraestructura verde y servicios especializados— y las exigencias que los mercados de destino impondrán en la próxima década.
El Departamento Nacional de Planeación ha desarrollado capacidades metodológicas en prospectiva territorial que podrían articularse con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales y con la Cámara Colombiana de la Infraestructura para construir un observatorio de futuros del régimen franco, algo que países como Singapur, Países Bajos e Irlanda ya hacen de manera sistemática para revisar sus modelos de atracción de inversión con una frecuencia que ningún plan quinquenal colombiano actual contempla.
Las oportunidades que la previsión estratégica puede revelar
No todo el panorama es adverso: la previsión estratégica también sirve para identificar ventanas de oportunidad que el análisis reactivo no alcanza a ver con suficiente anticipación.
Colombia tiene condiciones geográficas, de biodiversidad y de conectividad atlántica y pacífica que le permiten posicionarse como hub de servicios de alto valor en sectores como biotecnología, economía digital, logística especializada y energías renovables, todos ellos compatibles con los nuevos modelos de zona franca de servicios que países como Uruguay y Panamá han comenzado a desarrollar.
La clave está en que esta transición no puede improvisarse: requiere una gobernanza anticipatoria que articule al Ministerio de Comercio, las autoridades de las zonas francas, las universidades colombianas con programas en prospectiva y los gremios empresariales, bajo un horizonte de planificación que supere el ciclo electoral y se ancle en escenarios de largo plazo.
Las zonas francas colombianas no están condenadas a la obsolescencia, pero el margen para anticiparse se estrecha cada año que se pospone el ejercicio de previsión estratégica que este modelo necesita con urgencia.
Fuentes
- OCDE – Pillar Two Global Minimum Tax: Implementation and Impact Assessment, 2024
- CEPAL – Regímenes especiales de comercio e inversión en América Latina y el Caribe: desafíos ante la nueva arquitectura fiscal global, 2023
- Departamento Nacional de Planeación (DNP) – Marco estratégico de zonas francas y competitividad territorial, 2022
- McKinsey Global Institute – The Future of Work in Manufacturing: Automation and the Workforce, 2024
- Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia – Informe de seguimiento al régimen de zonas francas, 2025